: Yuki

por: Carlos Efrén Rangel

Es esta y por sí misma una de las columnas más extrañas que he publicado en todo este tiempo. Mezcla absoluta de nostalgia por una época pasada que me marcó y que ahora la veo lejana y al mismo tiempo presente y viva. Con nostalgia pero también con alegría. Hace algunos años comencé a experimentar con este género periodístico que es la columna de opinión, y en el Semanario Voz de la Costa donde comencé a trabajar como reportero me abrieron también la puerta para hacer columna de opinión(¡gracias!), género exclusivo de experimentadas plumas y de importantes actores políticos. Evidentemente yo no era, ni soy ni una cosa ni la otra.

Esta columna también será extraña porque tengo que hacer público algo que nunca fue secreto pero que pocos de mis cinco lectores conocían: durante casi dos años escribí en Voz de la Costa una columna semanal que se llamaba Crónicas Juveniles y las firmaba con un pseudónimo: Yuki. Sí señor, yo soy Yuki. O Yuki es el personaje que le pasaban cosas bien interesantes propias de un joven estudiante y que desde ahí reflexionaba desde su novata visión las cosas de la vida pública y personal. Enterré las Crónicas junto con mi graduación y también Yuki murió.

Hace poco, muy poco. Rescaté la computadora que usaba en aquellos años para escribir, rescaté también una valiosa carpeta llena de trabajos de la universidad, ejercicios literarios, cartas personales y también prácticamente todas mis Crónicas Juveniles, por lo menos todas las que escribí con esa computadora. Ahí me encontré la última Crónica, la que marcó el final, la despedida, el adiós a mi vida juvenil universitaria bastante divertida, relajada y por momento irresponsable. Recordé que esa columna nunca fue publicada porque el Semanario entró en una serie de problemas administrativos que impidieron su impresión y circulación. Siempre me quedé con las ganas de darle el cierre, de decir adiós y aunque son otras las circunstancias no veo la razón para quedarme con el deseo permanentemente.

Así pues estimados cinco lectores, con su permiso y espero también que con su agrado les ofrezco esa última anotación, ese momento que fue el punto de quiebre para dejar de ser adolescente, para enterrar a Yuki el aspirante y sólo aspirante a periodista bueno, a contador de historias profesional y darle vida ahora a mí, que ya no sólo suspiro si no que me esfuerzo y trabajo por convertirme en lo mismo. En honor a Yuki, les dejó pues esas últimas líneas que él escribió.

Paciencia, me dicen.

Por: Yuki

Aún tengo el pelo mojado, me acabo de bañar; una elegante camisa, pantalón nuevo y una corbata están sobre mi cama esperando a vestirme, es el sábado 28 de mayo de 2005, por la noche, es hora de ir a mi fiesta de graduación, en donde sin remedio todos mis temores se harán realidad.
Con voz de profeta llegó el momento, es hora de vestirse de lujo y poner la mejor cara que tengo para recibir y dar felicitaciones, para compartir el último momento en el que veré a todos mis compañeros, de estar juntos, de festejar que cuatro años de estudios terminaron y que ahora empieza una nueva realidad.
Para la gran mayoría es una realidad gris, desesperanzada, triste, pero es la realidad y hay que afrontarla, han pasado dos semanas de que la última clase de la carrera sentenció el final y es hora de salir al ruedo, lo malo es que no hay ningún cártel en el que nos quieran tener de alternantes, es un ruedo muy real: no hay trabajo.
Hemos buscado por todos los medios pero la oportunidad no llega, el teléfono no suena y para los que invitan a entrevistas de trabajo nuestro buzón aún no existe, llaman a algunos, pero al mío no, es lo real, tan real como la botella de vino blanco que llevaré a la fiesta, en la que me gasté los últimos cien pesos.
He impreso mi currículo unas diez veces, lo he mandado por mail como el doble, he llamado, pero no me han llamado, es un hecho: llevo ya casi tres semanas de desempleado, engrosando las ya numerosas filas de gente desocupada en el país, pasé en un santiamén del cinco por ciento de la privilegiada población mexicana que estudia una carrera universitaria, al triste 40 por ciento que en posibilidad de hacerlo, no tiene ningún ingreso; paciencia, me dicen mis profesores y amigos que me han ayudado a hacer llamadas y a mandar curriculums, pero mi paciencia se ha empezado a agotar, igual que los recursos de mi ya gastada cartera.
En la misa de ayer, poco antes del acto académico el padre nos leyó la parábola del hombre rico, que en lugar de repartir sus bienes pensó en acrecentarlos, nos invitó a ser ricos a los ojos de Dios, de no buscar un coche caro, unas vacaciones del otro lado del mundo, nos invitó a trabajar en beneficio de la sociedad, eso es lo que yo quiero Padre, pero trabajar por amor al arte lo único que me ha hecho es perderle amor al arte.
Un mensaje en mi teléfono que me pregunta dónde es la fiesta y a qué hora pienso llegar, le explico: un salón nice, que está muy lejos de mi casa, tengo que pagar taxi, la primera deuda, pero en fin, me animo, es hora de sonreír, ya el lunes me ocupo en quemar mis últimas cartas, de imprimir más curriculums y agotar el crédito de mi teléfono llamando a amigos que ya trabajan para ver si ellos pueden hacer algo por su servidor.
Hay presión, mucha, se siente en el aire mezclada con el perfume que me regalaron y que usaré por primera vez, alguien de mis amigos de la prepa me llamó hace unos días y me dijo: “Yuki, si tú no consigues chamba pronto ¿quién?” supongo que su confianza está basada en el hecho de egresar de una universidad privada con buenas notas y haber trabajado en lo de mi carrera desde antes de entrar a al universidad; mis papás están orgullosos de mí, no lo dicen, pero sé que es así, “una casa como esa vas a tener en unos años, por lo menos”, me dijo mi mamá hace rato que pasamos por un elegante coto residencial, sólo le sonreí nerviosamente y la vi muy lejos.
Una carta de felicitación del coordinador de la carrera: “Estimado alumno, la universidad está orgullosa de personas como tú, te felicitamos por haber obtenido uno de los diez mejores promedios de tu generación”, justo en ese momento el teléfono de otros compañeros sonó, le llamaron de una empresa a la que hicimos solicitud, el mío no sonó, y creo que no lo hará.
Con ojos de recién egresado el mundo se ve distinto, hay una inclinación natural a la nostalgia, de volver a las aulas donde era estimado y requerido, y el futuro se ve igual de negro que el pantalón elegante que habré de ponerme ya, por que es hora, llegaré un poco tarde.
Pero no importa, quise tomarme unos minutos para compartir con mis cinco lectores este momento, que es de felicidad, ya me vestí, abrí la botella de vino blanco y aprovecho el momento para hacer un brindis, para agradecerles a todos ustedes mis lectores por seguir los primeros pasos de éste aprendiz de periodista, a Enrique y a Mary Chuy que me han dejado publicar mis Crónicas el apoyo y el cariño: ¡Salud! por su felicidad, ¡Salud! porque terminé la universidad, ¡Qué Dios reparta suerte! Y mientras un poco me toca a mí: paciencia, me dicen.

Ya no nos leeremos la próxima semana.

Luego apareció esta Palabra Clave y ustedes. De verdad muchas gracias.

>

5 Respuestas a “Yuki”

  1. Karem Dice:

    Buuuaaaaa, Efrén que me ha llegado al corazón toda esa nostalgia e incertidumbre, que a todos los recién egresados de una carrera nos toca vivir.
    Salud

  2. Luis Rangel Garcia Dice:

    Jamas vi a Yuki con los ojos de ahora. En un mundo de curvas sin sentido para mi era el muchacho, que sabia de la vida mas de lo debia, pero menos de lo que merecia, que lo veia los fines de semana.
    Leia sus columnas sin saborear, o siquiera imaginar a que sabia, el olor de un camion pasajero, o predecir la textura del mostrador de los tacos “El lic”, chale. Snif Snif

  3. Martha V. Sandoval Dice:

    Tengo ojo remi, y pues creo que todos nos hemos visto en las mismas complicaciones, claro, cada quien a su modo, pero recuerda que las cosas que más valen la pena nos cuestan trabajo, mucho, ¿pero acaso eso no es la vida?

    Que alegría que hoy nos puedas contar esa historia.

    Tengo otras cosas que decirte, pero esas mejor en lo cortito :)

  4. HUMBERTO SANTANA Dice:

    Ánimo Lic.

  5. Mary Chuy Hernández Dice:

    Hace aproximadamente 3 años las lágrimas surcaban mis mejillas al leer esta misma columna “Paciencia, me dicen”. Nunca se editó. Pero yo, una de las pocas personas que pudo saborear esa extraña mezcla de dulce y amargo; amarga y prematura nostalgia por lo que se queda atrás y la dulce expectativa del futuro, puedo hoy decirte que de nuevo las lágrimas afloraron. Pero en esta ocasión, puedo decirte que sinceramente te felicito por tus muchos logros obtenidos; y que deseo que aún vengan muchísimos más.
    Aunque pocas veces externe mis comentarios; me reitero como uno de tus cinco más fieles lectores y admiradores de tu arte.

Deja una Respuesta