: Vulnerables
por: Carlos Efrén RangelEl error más grave que cometemos los humanos es sentirnos invulnerables. Ver las problemáticas sociales, observar cómo la gente muere y sólo porque en las noticias se anuncian como una realidad ajena, nos desprendemos de la obligación de saber y aplicar que conocer la realidad debe llevar a tomar acciones prácticas y concretas en la vida diaria. Por eso no es prudente olvidar que en Autlán hay 32 casos de SIDA confirmados, un número por lo menos similar de enfermos que no lo saben y que aún con los avances de todo tipo, el partido contra el SIDA bien lo pudiéramos ir perdiendo.
El próximo sábado, primero de diciembre, es el Día Mundial para la Prevención del SIDA. Aún con los años de divulgación, de información y de conscientización para el COMUSIDA Autlán que encabeza Leonor Guerrero es este sentimiento de invulnerabilidad el principal obstáculo al que se enfrenta la institución cuando lleva información a escuelas, a instituciones.
Los grupos más vulnerables de esta enfermedad que no precisamente tienen qué ver con la distinción que hacía el Ilustre (Sí, es una broma muy cruel) Emilio González en cuanto a la preferencia sexual. Así los jóvenes de preparatoria, de universidad e incluso quienes en este rango de edad no tienen escolaridad por un extraño patrón que comparten con el resto de la sociedad, asumen que son estériles, supermanes, ajenos a todo problema. Asumen el: “A mí no me va a pasar” de diferentes formas.
A esa irresponsable y peligrosa forma de asumir la vida le podemos sumar una serie de costumbres transmitidas de generación en generación, de Gobernador panista a Gobernador Panista hasta llegar a Emilio, esa política nacida de las creencias personales que producto de la Edad Media insisten en repetir un mecanismo que históricamente ha fallado una y otra vez. Las personas tienen relaciones sexuales, empiezan a tenerlas básicamente al mismo tiempo y antes de los veinte. Con ese afán de esconderlo y hacerlo sólo con la bendición del matrimonio, lo único que provocamos es que cuando llega el momento de mantener una relación sexual, ésta se asuma irresponsablemente, sin información y con la creencia de: “a mí no me va a pasar”.
El punto es no confundir la gimnasia con la magnesia. Las virtudes cristianas son valores éticos que orientan cívicamente a las personas, pero no puede ser políticas públicas y si bien pueden ser principios, no pueden ser anecdóticos. Los grupos conservadores no han entendido que los tiempos de Jesús y estos tiempos son sumamente distintos y que lo único aplicable a este momento son los principios, no prácticas que en este momento tienen incluso la etiqueta de salvajes.
No culparé a los medios de comunicación y a la modernidad de esta cultura que insiste en prolongar la adolescencia, en vivir sin consecuencias. En debilitar el carácter en ser un irresponsable esperanzado a la suerte. Pero el partido que es de vida o muerte, no lo vamos ganando, para ganar terrenos, para avanzar unos pasos necesitamos reforzar actitudes de respeto a las diferencias, de exigir absoluta separación Iglesia y estado, y sobre todo dejar de preparar a nuestro adolescentes para que todo los dé gueva, para que se conviertan en absolutos irresponsables, para que crean que son invulnerables al dolor, a la muerte, a las enfermedades.
Lo peor de todo es que se finge, se simula, se engaña. Lo pero de todo es que se señala, se desprestigia y se descalifica a quien decide ser diferente. Pueden seguir siendo felices y esperar la vida eterna, en esta así les irá muy mal y nos irá muy mal a todos.
Bajo cualquier condición, y en cualquier circunstancia. Somos vulnerables.