: Viejos
por: Carlos Efrén RangelDebe ser hermoso llegar a viejo, poner a los nietos en las rodillas, beber un poco de café y platicarles del pasado del mundo, del país, de la familia, de sus papás. Debe ser hermoso llegar a viejo con la idea clara de a qué se vino a este mundo y con el currículum de vida lleno de cosas importantes: una familia, hijos, trabajo. Debe ser hermoso llegar. Debe ser hermoso vivir para contarlo y poder hacerlo.
El genio de la literatura latinoamericana, el colombiano Gabriel García Márquez en su penúltimo libro Vivir para contarla, escribió:
La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
¿Qué contaran los viejos del mañana que son jóvenes de hoy?
El inicio cursi del presente post, corresponde, entre otras cosas a que esta semana se festeja en casi todos lados, el día del adulto mayor o del viejito, y como en muchos casos, hay quien no tiene nada qué festejar.
Hasta antes de la llegada del conquistador y represor Hernán Cortés a México, los ancianos eran considerados personas importantes en las culturas indígenas. Los años dan sabiduría, de esa que no se aprenden en los libros ni por más clases que se tome uno en los salones, y eso era respetado.
Luego llegó una cultura occidental amante del oro y de la compra y venta. Y entonces las personas tuvieron precio, no por su sabiduría, nobleza o la grandeza de su espíritu, si no lo que pudiera producir en esa lógica capitalista y materialista. Los ancianos, los viejitos con sus achaques, luego de trabajar durante toda la vida son poco valiosos para el sistema económico que ahora nos rige. El mensaje es claro: si no produces, no sirves y entonces viene la discriminación social, el abandono.
Debe ser triste llegar a viejo y ver cómo el esfuerzo de toda tu vida, no garantiza ahora que no se puede trabajar la alimentación, la salud, la compañía. Cada vez más, los gobiernos servilistas mexicanos, se preocupan por ser imán para empresas golondrinas que llegan ofrecen trabajo que pagan mal, que se van pronto y en el transcurso despiden y contratan mucha gente y se evita que el trabajador acumule antigüedad lo que lo aleja de la jubilación. Pero así los presidentes fanfarrones como el nuestro, pueden inflar sus cifras, al final ellos si podrán descansar en su vejez y platicar con sus nietos.
¿Qué nos pueden contar los viejos de hoy? A mí algunos con los que he podido platicar, me cuentan de un México difícil, de mucha pobreza, de marginación social. Conocí a algunos que juraban que cuando niños vieron pasar de cerca al bandolero revolucionario Pedro Zamora montado en su caballo Tlacuache. Ancianos que recuerdan cuando las Chivas eran el Campeonísimo y no el equipito de medias tintas que es ahora. Que hablan de Lázaro Cárdenas y dicen “Mi General”, y que cuentan cómo eran aquellos años,en los que igual que ahora cruzar el Río Bravo era una alternativa para huir de este país que por una cosa o por otra, nunca les ha podido ofrecer una vida digna y con progreso.
Pero ahora festejamos a los ancianos, y qué hacemos por ellos. Dirán que ahí voy y que como friego, pero tenemos el caso, único en años que un gobierno, el del Distrito Federal que encabezó López Obrador, recurrió a un programa de apoyo a adultos mayores. Criticado, linchado, tachado de populista, de demagogo y todo cuanto se pudo hasta que Vicente Fox copió el programa. Organizan los sistemas DIF, grupos llamados Clubs de la Tercera Edad y los ponen activos; valioso sin duda, pero insuficiente.
El festejo para la tercera edad, sería regresarles de la discriminación de la que son objetos, pero eso sólo sería posible si nos quitáramos el Chip capitalista de sólo sirve lo que produce y mientras produce.
En lo particular me preocupa el futuro, aún espero no caer en la máxima del sistema corrupto “El que no tranza no avanza” para asegurar un futuro digno para mí y para mi familia. Los tiempos que vienen también son difíciles, sin campeonísmo, sin Cárdenas y ojalá que también sin Pedro Zamora y su Tlacuache.
Y me preocupa si podré llegar a viejo, poner a mis nietos en las rodillas, beber un poco de café y platicarles del pasado. Si como dice García Márquez mi vida será lo que recuerde, espero contarles que este país, grande y maravilloso sobrevivió a todas las pruebas, se impusieron los principios a las tranzas, se aseguró una vida mejor para las mexicanos, y claro estar vivo para contarlo.
Ustedes disculparan lo cursi del presente post, con especial dedicatoria a Don Pedro, Doña Chuy, Don Chendo y Doña Lupe, gracias. Hasta el viernes.
31 de Agosto de 2006 a las 11:57
Efren yo no se por que tenemos que decir “tercera edad”si solo tenemos una ,cuando tomamos un buen vino decimos orgullosos que es un vino viejo con solera, dejemonos de payasadas y digamos las cosas por su nombre, nuestros viejos son viejos y tienen solera ,sabor y eso es loque los hace importantes .Un saludo a mi VIEJO y de pasada me saludas al tuyo.
18 de Marzo de 2008 a las 19:47
Me parece muy interesante que, en cúmulo de recuerdos, aparezca el nombre de Pedro Zamora. A mí me interesa mucho el personaje, pues estoy casado con una sobrina nieta del bandolero. En mis averiguaciones he logrado establecer una hipótesis medianamente fundamentada y es la siguiente: que en los sobrinos de mi esposa se juntan laa familias de Rulfo y Zamora, lo que es muy curioso, pues corresponde a un entrecruzamiento entre el escritor y el bandolero por quien llega a escribirt “El llano en llamas”. Un saludo desde Guadalajara a los comentyaristas.