: Veniste
por: Carlos Efrén RangelTus palabras llegan hasta mí como un murmullo y me arrullan, eso a pesar de que tus frases y tus intenciones taladran mi corazón en el lugar justo donde reposan los sentimientos. Pero tu voz suena melódica y es así como la imaginé tantas y tantas tardes de lluvia: seca, segura, grave y allá en el fondo dulce, suave, con aroma. Curiosamente tu voz me hizo recordar esas tardes de lluvia, cuando el número de mi casa se convertía en el pretexto correcto para comenzar a jugar entre el agua.
Y entonces llegabas tú: agitado de la carrera que siempre ganabas, con unos tenis que apenas amarrabas y que estaban tan enlodados como tus pantalones deportivos negros al que tu mamá tantos parches había tenido que poner. Siempre llevaste resortera aunque poco lo usabas, sólo cuando estabas nervioso y la ponías entre tus manos para balancearte suavemente y contarme cosas que te hacían recordar que éramos diferentes y por lo tanto complementarios.
La primera vez que sentí amarte, así con todas las letras que esa palabra tiene fue precisamente un día que la resortera pasaba de la mano izquierda a la derecha igual que el peso de tu cuerpo sobre tus piernas. Me contabas algo que habías leído en un libro de tu papá, me contabas de un país lejano más allá del mar donde había una ciudad de calles de agua donde los novios paseaban en lanchas raras y no en coches, y donde ahí mismo había una torre ladeada que no se caía (después descubrí tu pequeño error de ciudades, pero me reí mucho y te amé más); tú me decías que cuando fuéramos grandes iríamos, que sería genial una ciudad con calles de agua en donde para ir a nadar sólo había que aventarse por la ventana. Pero lo que me hizo amarte ocurrió cuando tus manos ansiosas por aventar gatos al agua dispararon con la resortera a un nido de Cocochitas, y tu mala puntería se acabó al encontrar a un pequeño pajarito que apenas aprendía a volar. Lo recogiste. Y lloraste su muerte y te escondiste para que no te viera ser débil.
A veces te odiaba: siempre el más fuerte, siempre el más rápido, siempre en llegar primero al decir uno, dos, tres, siempre el que llegaba más lejos con la primera lluvia, siempre el primero que salía a defender a los de primer año cuando los de tercero o cuarto les querían pegar. ¿No te cansabas de jugarle al héroe? ¿Preferías llegar primero a la cima de la loma, que ver mis esfuerzos de piernas de niña en correr más fuerte y seguir tu paso? ¿no bastó perseguir mi papalote al que se le rompió mi hilo y que al alcanzarlo tú te rompiste un brazo? ¿No era suficiente? Supongo que nunca lo debe ser, siempre fuiste testarudo, hacías todo a contrapelo.
¿Sabes? Ahora estoy aquí postrada en esta cama, frente a mí estás tú escondiendo las lágrimas como cuando mataste a la Cocochita, escondes la mano como esa vez escondiste la resortera, modulas tu voz y la matizas, me dices que ya no te importo, que ya me olvidaste, que todo lo que quedaba de mí en ti se fue con la primera lluvia.
Y yo que te conozco, que la vida se encargó de llevarme lejos y alejarme de ti, y yo que vi esa misma cara sin barba perseguir el coche de mi papá mientras se alejaba por las Humedades rumbo a la carretera pavimentada sé que mientes, sé que en tus manos callosas de trabajar se esconden caricias que tienen mi nombre, que en los labios apestosos a cigarro y alcohol hay besos que esperan mi boca. Nos debemos tanto.
A un lado de ti está un buen hombre. Uno sensato. Uno que me ama. Un hombre que aprendió a despertar oyéndome decir tu nombre, llamándote para que no me dejaras en tu carrera y pidiéndote no maltrataras tanto a los gatos; él lo soportó, lo entendió y te encontró. Ahora quiero quedarme así para escuchar tu voz que huele a lluvia. Para que el sopor apague la confusión de verlos juntos. Para ver que a pesar de tu testarudez, de la fortaleza que dices tener, a pesar de lo que digas, repoches y jures: dije uno, dos, tres y veniste a verme. Eres un niño con barba.
Hasta el lunes estimados cinco lectores. El regreso de la ficción se hizo presente. ¿Reconocen la historia? Si no, le dejo una pista.
27 de Julio de 2007 a las 11:22
Muy melancólico, al principio no entendía muy bien, pero en los siguientes párrafos recordé el cuento anterior y lo enlacé y me gustó.
Además creo que tiene un grado de molestia o un tanto de enojo camuflado con la melancolía y los recuerdos.
Estubo interesante.
27 de Julio de 2007 a las 16:11
Bueno la mujer está m olesta porque no hay forma de tener a una contenta. :)
3 de Octubre de 2007 a las 18:43
La palabra “Veniste” no existe. Se dice “Viniste”.
Buen escrito. Saludos.
4 de Octubre de 2007 a las 8:37
Chac lo peor de todo es que sabía que es un error escribirlo así. Lo usé más como un regionalismo muy difundido.
Gracias.
10 de Octubre de 2007 a las 10:32
se dice veniste o viniste? creí que lo correcto era viniste o los dos son validos?
10 de Octubre de 2007 a las 10:34
plop! recién leo los otros comentarios pero creo que deberías escribirlo correctamente, no colabores arruinando el idioma como ya lo vienen haciendo muchos. Saludos.