: Valiente

por: Carlos Efrén Rangel

Los últimos años en fechas como éstas, los escritores de base en este sitio escribíamos una especie de carta al Niño Dios, y por medio de infantiles peticiones podíamos vislumbrar las expectativas de los años venideros. Debo reconocer que este año no soy tan optimista como los anteriores. Dicen que el pesimismo es el deporte favorito del mexicano y es políticamente incorrecto aceptar que se posee. En este caso no temo a la condena pública cuando les digo que la crisis, que no está en mi ánimo si no en el mundo, me dejará un sólo deseo para hacerse realidad. Y habrá que aferrarse a él con furia y también con optimismo.

La crisis existen desde que la humanidad existe. Las crisis son un síntoma de errores acumulados, de estrategias mal seguidas. Durante una crisis no hay posibilidades de crecimiento. Pero hay que dejar de ser ilusos. La crisis debe tener un sólo objetivo: la sobrevivencia a ella.

Tenemos que sobrevivir a las crisis para estar listos para la que sigue. En el proceso intermedio entre una y otra, habrá entonces sí, procesos y oportunidades de crecimiento. Entiendo que las crisis son una modificación brusca del escenario en el que actuamos los seres humanos, para que el resultado sea mejor: podrá gustarnos o no, podremos sentirnos cómodos o no y en todos los casos no será jamás como imaginamos que sería pero será.

El optimismo de personas que me acompañan condenan que tenga bajas expectativas del próximo año. Cuando me preguntan les digo que sólo aspiro a sobrevivir, a existir a finales del 2009. Llegar a ese tiempo volver la vista atrás y ver que la parte de la tormenta pasó, que provocó en mí capacidades para adaptarme a los nuevos tiempos y que los principios continúan vigentes.

Ante crisis económica. Ante crisis política. Ante crisis de credibilidad quedan, creo, refugios de dignidad que nos harán sobrevivir a la crisis y entonces sí estar en condiciones de caminar. La honestidad, el amor, la amistad, el honor. Habrá que aferrarse a ellos con saña, sin darle oportunidad al canto de las sirenas. Sin creer que beber agua salada nos curará la sed del naufragio.

Así que en mi carta de este año al Niño Dios. Hombre de hábitos al fin. Le pido una sola cosa. Me dé y les dé a mis cinco lectores Valentía en cualquiera de sus presentaciones. La auténtica que nos permite hacer lo debido sin que tiemble la mano, o la también efectiva simulación del temblor en la diestra. Cualquiera de las dos nos permitirá sobrevivir.

Espero valentía para no creerle a ningún iluso y a ningún perverso que me venga a decir que el próximo año nos va a ir bien. Espero tener valentía para tener la mente fija en el momento en que la crisis pase y deberé de tener la resolución de retomar el optimismo y entonces sí caminar. No quedarme en la guarida.

¡Que la sobrevivencia los fortalezca!, que vivamos para contarla y esperar la próxima. No hay más.

¡Feliz Navidad!

Nos encontraremos en esta Palabra Clave el último día del 2008, con un recuento de lo peor, lo mejor y lo feo que dejaron las noticias en el 2008.

Mientras, me tomaré una semana de receso.

Deja una Respuesta