: Toro

por: Carlos Efrén Rangel

Verlo de cerca impresiona. Tiene enormes armas naturales que finas y fuertes amenazan a la menor provocación, es una locomotora de carne, hueso y media tonelada de furia. Al mismo tiempo tiene los ojos nobles, cuando está tranquilo en los campos o en los corrales, parecería que al verte a los ojos te contara con su mirada, la verdad de la vida y de nuestra existencia en el mundo: la lucha. La lucha por la sobrevivencia, la lucha por el triunfo, a pesar de la sangre, a pesar del sufrimiento, a pesar de que no sea fácil, a pesar del miedo. Hay que arriesgarse, hay que ponérsele cerca de los cuernos a la vida. Porque es la única manera de salir por la puerta grande.

La única manera en la que soy un defensor de la fiesta de los toros es tratando de trasmitir a todo lo que una corrida de toros me hace sentir, la pasión, el miedo, la tristeza, la alegría, la admiración y sobre todo el significado que la fiesta de los toros tiene.
Los últimos dos días en Autlán ha habido toros. El sábado Pablo Hermoso de Mendoza hizo con su segundo de la tarde la mejor faena que yo le he visto en mucho tiempo. Llevó a escasos centímetros de su cabalgadura y a lo largo del ruedo a un toro que embistió, atacó y le puso color y emoción a la fiesta, luego frente al burladero de matadores entre tablas y el toro, el caballo se hizo pequeño y paró una cabalgata veloz para comenzar otra en sentido contrario, en un palmo de terreno. Aún no entiendo por dónde alcanzó a pasar.
Y ayer la Alberto Balderas fue testigo de dos cosas importantes, la alegría y el lucimiento que en ferias siempre se agradece, Rafael Ortega le cortó rabo a su segundo toro luego de echar rodillas a tierra y hacer pasar el toro en múltiples ocasiones. Se lució con las banderillas y logró la mejor estocada que también le he visto, fulminante, en excelente sitio y hasta la empuñadura. Eso hasta ahora.
Pero hay más cosas que me hacen amar la fiesta brava. Hace unos días se festejó la novillada, en ella se presentaron seis novilleros jóvenes, pequeños y conocedores, pero sobre todo valientes. El triunfador fue Mario Aguilar al cortar dos orejas. Antes estuvo a punto de morir tres veces.
Se puso frente a los pitones y el toro lo arrolló, lo pisoteó y Mario se puso pálido, inmediatamente se repuso y regreso a torear de rodillas, ahogó los gritos de la tribuna de ¡No Mario, no!, la afición reconocía que el toro no valía la pena. Pero había ganas de triunfar y el triunfo cuesta trabajo, sacrificio, sustos y sangre.
A la fiesta de los toros se le ha perdido el respeto y hay tantas personas que piden que desaparezca por que se ha perdido la dimensión de lo que es un toro bravo. Es un asesino en potencia, es una animal que ataca, que pone en peligro a quien se le pone frente y es un animal hermoso, noble. Además criado única y exclusivamente para la lidia.
A veces pienso que los culpables de que la fiesta de los toros ya no sea respetada son los toreros, que con su maestría, su conocimiento hacen ver el toreo fácil, al toro indefenso y la competencia desigual, la competencia es desigual es verdad. El torero pesa 60kg el toro 500 kg. El toro tiene dos cuernos, el torero se defiende con una tela.
El toro tiene que embestir, esa es su naturaleza. Hay algunos que no permiten el lucimiento, que son peligrosos y amenazan con acabar con el torero. La misma vida es igual. A veces es peligrosa, amenaza con acabar contigo. Aún así hay que ser valiente, hay que enfrentar la vida por peligrosa que sea, porque de esa manera se triunfa, podrá costar sangre, esfuerzo, sudor y miedo. Pero hay que salir al tercio, mostrarse ofrecerle la muleta a la vida y enfrentar el problema con gracia y con arte. Como cualquier torero, que frente a los cuernos de un toro, se deja ver, le ofrece las arterias a los pitones, y para agrado del respetable, lo burla con un gracioso movimiento de muñeca, aunque el corazón se detenga unos segundos.

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