: Semana Santa en Tuxpan, Parte II
por: Alejandra P. PalafoxDon Ernesto Munguía, que espera el inicio del Vía Crucis al lado de una de las bandas musicales, comenta que la Semana Santa es “para vivir su pasión y muerte y acompañar al Señor hasta el último momento, con música… ”
José Barajas afirma que para él la Semana Santa es ir al templo a orar y a acompañar al Señor los 40 días de la Cuaresma, desde la ceniza hasta la Vigilía, incluyendo las veladas que haya. “El domingo de Resurrección, cuando hay misa, hay un recorrido con las imágenes y llegando a donde reciben dan cena, la cuachalita… no dan vino porque sale caro… pero sí dan cena; atole con tamalitos y otras cosas… la gente pide recibir las veladas para pagar mandas…”
Son más de las doce del día y se juntan más carros alegóricos en el amplio atrio y el número de bandas musicales va en aumento.
Pedro López Mata pertenece a una banda musical desde hace quince años. Contratados por la gente que paga este servicio, acompañan a un carro alegórico mientras tocan: “nada más en estas fechas se toca así, es una música especial que en donde quiera del pueblo se oye, desde que me acuerdo es una tradición de tiempo atrás, se llaman ‘andantes’, no tienen nombre como las canciones populares, sólo se les conoce como andantes… hasta que termina la cuaresma se cambia la música, esto es, hasta el domingo de Resurrección cuando ya se toca música de toda, de alegría y fiesta… ”
El ajetreo sigue, más y más gente espera el comienzo de la procesión y en ese trajín, Hugo Alberto López y Francisco Javier Mendoza están listos para participar en el Vía Crucis viviente que este año cumple diecisiete años de representarse. Para ellos, la Semana Santa representa puro trabajo. Viven esa semana arreglando vestuario, acomodando cosas, consiguiendo más actores, más vestuario, maquillaje, personas que ayuden a cargar los objetos necesarios, entre otras tareas. Afirman que el Vía Crucis se realiza porque el pueblo hace sus aportaciones, mientras que los recursos restantes se recaban durante todo el año, incluso los organizadores llegan a poner del propio bolsillo.
Su motivación principal es el simple gusto de participar y la apuesta por la permanencia de la tradición: “…Nosotros cada año que pasa perdemos mucha gente que ya no nos quiere acompañar, a lo mejor será porque no les gusta, les da vergüenza o realmente no les interesa ya…. antiguamente habían hasta 200 personas, ahorita realmente tenemos unas 100 ó 110 gentes, se está perdiendo demasiado…” Ellos creen que vale la pena porque es una experiencia religiosa y va de la mano con su fe: “…al representar la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo en el Vía Crucis, durante el recorrido realmente vivimos el papel, todos se dedican mucho al papel que están representando, es una vez al año y es una experiencia única, aunque no a muchos les gusta…”
Otros momentos que la gente celebra por estas fechas son el domingo de Ramos y la bendición de las palmas, la velación a Jesús (que se hace durante la semana), la escenificación de “Los Huertos” (representación de los aspectos más sobresalientes de la vida de Jesucristo). El lunes la resurrección de Lázaro, el martes la cena del Señor, el miércoles la oración del huerto, el jueves la prisión de Jesús, el viernes la muerte de Cristo y el sábado la Resurrección del Señor con la misa nocturna a cuya salida acompañan carros alegóricos, bandas de música y todo el pueblo.
Para Miguel Ortiz Vázquez, quien se dedica a la investigación de la historia de Tuxpan, estas actividades son “…manifestaciones de la fe a Cristo, en su pasión y muerte y resurrección. Tuxpan es un pueblo fiel a sus tradiciones pero las variaciones de unos años a otros indican que definitivamente las tradiciones van en aumento, por ejemplo: la cruz de los “encendios”, que es a finales de abril y principios de mayo, antes eran 200 y ahorita ya son más de 450…” Cree que el gusto por las manifestaciones se debe a las características del grupo étnico del que Tuxpan proviene y que se remonta a la época prehispánica
“… El aumento de las tradiciones no son devoción puramente católica, pues delante o atrás de cada carro alegórico se llevan litros y litros de ponche, cerveza, vino… si fuera muy cristiano pues en Viernes Santo no deberían ingerir bebidas embriagantes. Los antropólogos que han estudiado Tuxpan dicen que nuestros santos actuales no son más que nuestros ídolos modernizados y estoy de acuerdo con ello, porque entonces cristianismo no es…”.
La procesión del Viernes Santo se enfila por una de las calles de Tuxpan y en el último de los carros alegóricos están Hugo Alberto y Francisco Javier -los jóvenes que con entusiasmo defienden su tradición- representando sus papeles. Este carro hace paradas regulares en las cuales se desarrolla dicha representación; en este caso, el pasaje donde Poncio Pilatos se niega juzgar a Jesús, alegando que la acusación tiene que ver con las tradiciones judías, por tanto, el asunto debe ser atendido por Herodes. Al pie del carro alegórico van los “Judas” vestidos de blanco y penachos del mismo color mientras los espectadores no pierden detalle de los diálogos gracias a los micrófonos (de mano e inalámbricos) que los actores aficionados utilizan en su representación.
En Tuxpan, Jalisco, este tipo de manifestaciones son populares, las creencias hechas tradiciones están muy arraigadas entre la gente pero no ayudan mucho a construir un sentido de comunidad en la que se practiquen los valores que su fe exalta.