: Prólogo
por: Carlos Efrén RangelHoy empiezan las vacaciones para el común de los mortales, para la gran mayoría de la población hoy también es un día no hábil, por aquello de que se recorrió el festejo del Natalicio de Benito Juárez. En días como éstos meternos de lleno en asuntos duros honestamente no es lo más apropiado. Sirven estos días en todo caso para reflexionar y en este caso recordar. Recordé pues que cuando empecé a trabajar como reportero también se publicaba en Voz de la Costa una columna de opinión que funcionó bien. La Columna por el Profe. Pues bien el Profe en estos días me pidió que escribiera el prólogo de lo que será un libro que recopile todas las columnas de publicó. Un libro de autor, porque difícil es que una editorial cambie de rumbos. Así que les dejo el prólogo que escribí, que es precisamente un reflexión de esas que se antojan para un día como hoy. Pásenla bien, estimados cinco lectores. Así que ahí va.
En el desarrollo del oficio periodístico hay varias sentencias que ayudan a darle forma y sentido a la actividad, una reza que no todo el que escribe en un periódico es periodista. Eso es verdad, pero también es verdad que no se necesita serlo para escribir en un periódico y ayudar a cumplir una de las muchas funciones sociales trascendentes que tiene este oficio.
Informar es dar forma. Escribir noticias es convertir los hechos en palabras y contar historias. La evolución de las teorías sociales nos han quitado una enorme carga a quienes nos dedicamos a esto. Antes se nos imponía la consigna de que para ser buen periodista, o buen escritor de noticias se tenía que ser “objetivo”. La teoría ha demostrado que eso es imposible y las nuevas corrientes se han pronunciado porque la objetividad sea sustituida por la veracidad y la imparcialidad, como los valores que precisamente darán un plus a lo que se escribe.
¿Para qué sirve el periodismo? Es una pregunta que se repiten mucho los periodistas, sobre todo los comprometidos con su trabajo. La línea con la que más simpatizo es aquella que reconoce en la actividad periodística fines y funciones sociales. Lo que se escribe debe de servir a la sociedad, a los lectores. ¿Qué hacen los lectores con la información para que les sirva? Dependerá de cada lector, pero si se pudiera generalizar se resumiría en que la información funciona para que los lectores tomen postura ante la realidad.
La sociedad actual se esfuerza en pregonar que vivimos en un país democrático. Eso guarda el significado que el total de ciudadanos tiene un poder de decisión sobre los asuntos públicos. Para tomar una decisión se necesita estar informado, y con esa información tomar una postura ante un tema de la vida pública.
Si alguien que escribe en un periódico, sea o no periodista, no tiene una postura ante el hecho que ha convertido ya en palabra, su texto no le habrá de servir al lector para hacer lo más importante que debe hacer con él: tomar postura.
Dirán los puristas que quien escribe debe de guardar una actitud de imparcialidad, y esa es una condición que guardan sólo algunos géneros periodísticos. La noticia, el reportaje, la entrevista, la crónica. Llevan consigo mismo la responsabilidad del escritor de noticias de por lo menos intentar honestamente ser imparcial.
Hay un género donde la imparcialidad no es lo más importante. Es la Columna de Opinión, Editorial le llaman también algunos. En este género lo más honesto que puede hacer el escritor de noticias es dar cuenta qué condiciones sociales vive que lo hacen pensar como piensa, que lo hacen tomar las posturas que toma, que lo hacen vivir lo que narra, que lo hacen saber lo que sabe.
La recopilación de Columnas que tiene este libro de autor, es valioso por dos razones. La primera porque es precisamente el catálogo completo de columnas de opinión escritas por un maestro de educación primaria, y que desde ahí narra y entiende el mundo. En este mismo rubro es valioso el que encuentra un mercado de lectores muy especializado y paradójicamente extenso: otros maestros, padres de familia. Un chorro de gente. Es valioso porque nunca, pero nunca cae en la pretensión de autodenominarse periodista, y más valioso aún porque aún sin eso, cumple con varias funciones de la actividad: informa, forma opiniones y divierte.
Los versos con que se remataron cada columna hicieron leer a quien normalmente no lo hace. Los títulos sin la pretensión de lo políticamente correcto que si siguen otros columnistas, llaman la atención y llegan a un mercado de lectores que normalmente no lee.
La segunda cosa valiosa de esta recopilación de textos es que su publicación fue en un periódico modesto. El Semanario Voz de la Costa fue una empresa familiar, pequeñísima que modestamente trató de hacer una actividad ingrata en un mercado publicitario pobre y reducido y que trató de ser un periodismo regional honesto y que le sirviera a sus lectores.
Se cuenta que el único pago que el autor de las columnas recibió, fue una botella de tequila de los dueños del periódico, que continúa intacta porque El Profe no bebe. Se cuenta que aún con lo modesto del tiraje, el autor sintió las dos caras de la moneda ingrata de la opinión pública, la que aplaude y la que condena. Ambas mentirosas e ingratas.
Así el texto de opinión que se reúne en este libro, está dispuesto ahora a cumplir con otra función que tienen los textos que se publican en un periódico. Ahora servirá para recordar, para reconstruir la historia. Una historia regional, una historia personal que se escribe línea a línea, página a página y que toma más sentido cuando se contempla de un solo vistazo.
Bienvenidos sean a los periódicos todas las verdades. Estas, que se escribieron cada sábado, son las verdades de un profe, de un maestro y la historia nos ha demostrado que siempre tendrán más peso que las de un periodista.
Felicidades.
21 de Marzo de 2008 a las 13:50
No conozco al profe, pero no dudo que sus columnas estén llenas de pasión por el oficio. Y eso mis queridos amigos es lo más importante en el ámbito periodísitico. Porque es más importante la satisfacción que deja el trabajo bien hecho, que la firma que encabeza o cierra un escrito.
Enhorabuena profe!