: Muertos en la literatura mexicana
por: Milton Iván PeraltaSe dice que en México existen sólo tres fiestas, la Independencia, el Día de Muertos y el 12 de diciembre. Es claro que le la población tiene un gran apego a la familia, y por eso el Día de Muertos se convierte en una de las fiestas más grandes. La tradición la conocemos todos, si no es así, los medios de información se han encargado por estos días de difundir todo lo que se necesita saber. Pero las tradiciones pasan de la vida real al arte, y para muestra platicaremos de dos libros, “Pedro Páramo y Macario”.
Platicaremos primero de “Macario” (1950), libro escrito por B. Traven, este peculiar y misterioso escritor, alguno afirman que no existió, nos regaló un gran libro sobre la relación con la muerte “Macario”, llevada al celuloide en 1959, considerada entre las mejores 100 películas mexicanas. Se trata de un campesino llamado Macario que vive obsesionado por su pobreza y por la idea de la muerte. Obstinado, decide aguantarse el hambre hasta no encontrar un guajolote que se pueda comer él solo. Su mujer roba uno y Macario sale al bosque a comérselo. Allí se niega a compartirlo con Dios y con el Diablo y sólo lo hace cuando se le aparece la Muerte. Agradecida, la Muerte entrega a Macario un agua curativa con la que el campesino comenzará a hacer milagros.
Esto es básicamente la trama del libro, que no expreso más cosas para que lo busquen, también les recomiendo “Canasta de cuentos mexicanos”.
Qué se puede decir de “Pedro Páramo” (1955), su atmósfera de Comala que nos presenta el no saber qué personajes están muertos o en qué momento fallecieron. La del laso familiar, la búsqueda del padre a promesa hecha a la moribunda madre. En que esta novela son más importantes los silencios y los ecos de las voces. Uno de los rasgos más poderosos en “Pedro Páramo” es la presencia de voces fantasmales y de ánimas en pena, y ello permite al autor exhibir la inmensa gravedad de la violencia y de la cerrazón propia del cacicazgo y la iglesia.
Nada de lo que comenta al respecto será nuevo y es mejor que esta novela sea leída y disfrutada.
Estos libros, no son los únicos que manejan la muerte, en la tradición mexicana, también Octavio Paz en su “Laberinto de la Soledad”, deja un espacio para hablar del tema. Y la poesía Jaime Sabines con “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”.
Los muertos tienen voz en la literatura por lo menos desde la “Odisea”, cuando Ulises desciende al Hades y dialoga con sus antepasados. También la “Envida”, de Virgilio, y ejemplarmente, la “Divina Comedia”, de Dante Alighieri, rompen la barrera entre la vida y la muerte para extender los territorios de la ficción hasta los dominios de aquello que, siendo ignoto e inescrutable, resulta capital para resolver las preguntas decisivas de la existencia.
1 de Noviembre de 2006 a las 15:45
DE VERDAD ESOS LIBROS SON BUENISIMOS, YO HE LEIDO TODOS MENOS LABERINTO DE LA SOLEDAD, PERO LOS RESTANTES LOS RECOMIENDO MUCHO.. LEANLOS!!
2 de Noviembre de 2006 a las 10:00
Traven es gringo no? pero la Canasta de los Cuentos Mexicanos es muy
buena. Buscaré a Macario.
2 de Noviembre de 2006 a las 15:40
Pues con Pedro Paramo, Juan Rulfo, a pesar de su obra tan corta se hizo tan famoso, por que creo un nuevo genero literario de ficcion, que se llamo Realismo Magico, que fue independiente de Europa, donde alla se creo el mismo genero literario, pero alla se le denomino Surrealismo. Y Garcia Marquez, tomo algo de inspiracion de la obra de Juan Rulfo, y que tambien gran parte de su obra habla de la muerte
4 de Noviembre de 2006 a las 18:38
Me ha gustado mucho cómo ha desmembrado su ensayo en torno a la temática que, a propósito de la muerte, se manejan en ambas obras literarias; sin embargo, como apasionado lector de creadores del sur de Jalisco, le comentaré que, tanto Guillermo Jiménez (Zapotlán, 1940) como Juan José Arreola (La feria, 1963), ofrecen escenas literarias formidables sobre el rito de la muerte en Zapotlán, sin olvidar el ensayo “La muerte” (Hojas de letras y poesía, 1974) de Alfredo Velasco. Gracias por enriquecernos y estimular con su trabajo a quienes poco o nada leemos.