: Lluvia
por: Carlos Efrén RangelLa primera lluvia en Autlán llegó el sábado pasado, fue de hecho una tromba que azotó la ciudad por cerca de treinta y cinco minutos según me platicaron. Fue la primer tormenta que cae en la ciudad en años, y aunque provocó algunas inundaciones en casas, el aire tumbó varias láminas, se cayeron árboles. La lluvia trajo más cosas buenas que malas. Con esa primer tormenta, habrá que reflexionar muchas cosas.
El valle de Autlán, aún en estos días, depende económicamente en gran medida de la agricultura y la ganadería, lo que produce la tierra es por principio de cuentas lo que le da riqueza a la región. Esta riqueza se viene abajo cuando las cosechas son malas: los campesinos quiebran, a todo la región le va mal, y entonces vienen muchos problemas, deserción escolar, alcoholismo, migración hacia Estados Unidos o las grandes ciudades. Podría decirse, que la riqueza de Autlán depende de la lluvia.
No es problema exclusivo de Autlán que de algunos años a la fecha los seres humanos nos hayamos convertido en auténticos depredadores de nuestro propio entorno. Talamos árboles, convertimos zonas boscosas en campos de cultivo y las peores tonterías, se abusa del consumo de herbicidas, plaguicidas y fertilizantes artificiales, que a la larga hacen estéril a la tierra. Las grandes compañía, auténticos mounstros comerciales, se convierten en canto de sirena para los campesinos: dinero al corto plazo, fácil, pero que hecha a perder las tierras.
El campo está en coma. Una de tantas causas es el monocultivo, que en la región se hace patente desde hace cerca de una década con el Agave. Llegará el momento de analizar la catástrofe económica que ha provocado, ahora es turno de decir, que las plantaciones de Agave ocasionan que los arbustos se talen, que las zonas verdes desaparezcan y que el suelo se erosione.
Que no nos extrañe que en Autlán llueva poco con semejantes atentados a la naturaleza. Que no nos extrañe que el hambre desmedida de dinero, disfrazada de progreso, engañe a nuestros campesinos y los obligue a envenenar su tierra con agroquímicos. Que no nos extrañe que la tala de laderas y cerros provoque que las lluvias se alejen.
Este año en toda la región Costa Sur de Jalisco, se registraron 61 incendios forestales en lo que va de la temporada, según la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR). Aunque según el Ingeniero Arturo Vera, pudo haber sido peor debido al largo temporal de estiaje que se registra desde varios años, no ha habido una buena temporada de lluvias.
Autlán no tiene ríos muy cercanos, la escasez de agua potable que ahora todos los políticos prometen resolver, está causada por una sencilla razón principal: no hay agua. Los esfuerzos por aprovecharla al máximo, cuidarla y llevarla hasta los hogares sin que se desperdicie son muy buenos, pero no son la solución definitiva. Algún día las reservas de agua se van a acabar y entonces habrá que inventar una máquina que la produzca.
Lejos de la idea romántica y del sonido arrullador y siempre lleno de vida de la lluvia. Cuidar el medio ambiente, protegerlo y asegurar reservas naturales que al mismo tiempo nos generen agua. Eso nos generará dinero (ya que por lo visto es el único lenguaje que entienden empresarios y autoridades) nos generará bienestar, que la gente tenga trabajo y no emigre a las grandes ciudades ni a Estados Unidos. Que haya comercio, que la gente estudie, que todo vaya bien.
Me parece increíble que dependiendo tanto de la lluvia, hagamos tanto por alejarla.
Si las cosas siguen como hasta ahora, es muy probable que la única forma que tengamos de ver paisajes verdes sea en foto, así que les dejo una:
