: La prisión
por: Luis RangelCuando desperté de la tremenda golpiza que me propiciaron, me sentí nuevamente en la celda húmeda en la que había estado. Esta vez sin soga alguna, pero amarrado de mi mano derecha con una fuerte cadena a una argolla de piedra que salía de la pared. La piedra era alargada y hueca, por lo que podía moverme de un lado al otro de mi prisión. Desde la reja de hierro que tenía como puerta hasta el montón de heno que estaba al fondo del cuarto.