: Jamás de mi mano
por: Martha V. Sandoval“Pajarillo errante que bebe el agua de los estanques y de mi mano jamás comió” (Serrat).Esa frase de canción pasó por mi mente cuando después de una semana de que ese emplumado viviera en mi patio y se alimentara de los granos que yo ponía en su guarida, nunca se acercó a mi mano a probarlos, su vida no sería el cautiverio.
Se calló del nido y aun era muy pequeño para volar, pero supo sobrevivir. Durante el día se refugiaba entre unas macetas y solía rondar por el lavadero para darse un baño y beber agua, cuando llovía, simplemente se quedaba en la parte más cálida, junto a un muro en una esquina y ahí aguardaba.
Me pareció prudente ayudar, así que yo le dotaba de alimento, pero aun así su madre regresaba todas las mañanas a darle el propio. Una de esas mañanas observé el empeño de la pájara por instruir al pajarillo a volar. Después de cuatro días lo logró.
Ese día permanecí una hora observando. Primero la pájara se ponía en un escalón, volaba al tendero y de ahí hasta el último muro, el más alto que le daría la libertad, le llamaba al pequeño con un canto peculiar y el pajarillo lo intentaba, pero nunca llegó al tendero, su vuelo se quedaba en un enorme salto de cuatro escalones.
Los días que permaneció en mi patio antes de volar lo observé y nunca desistió en el aleteo, también se familiarizó con el perro y todos los habitantes de la casa, nos caminaba entre los pies, pero nunca quizo comer de mi mano, quizá insisto, eso significaba el cautiverio.
El día que voló todos lo extramos, pero ha regresado y se para justo en el tendedero y canta, pero no bebe ni come de las semillas que dejamos, es un caso curioso, muchos me tacharán de loca por ser amiga de un ave, ¿pero acaso no tendría que ser así nuestra relación con la naturaleza?
Moraleja:
cada quien decide su destino. Que tengan un bonito fin de semana con esta fábula animal.
