: Inevitable

por: Carlos Efrén Rangel

La semana pasado fue una auténtica turbina en el tema del transporte público. En la capital del estado cual duelo de vencidas los oponentes se enfrentaron, presumieron y al final, el resultado será uno por desgracia catastrófico para la sociedad en general. La naturaleza del transporte actual es que es un negocio y esa naturaleza se ha visto, hasta ahora, icompatible con las necesidades que debería cubrir el mismo transporte. Como negocio parece no ser bueno ni para transportistas, ni para usuarios.

Si en la capital del estado los dueños de camiones y demás miembros del gremio se quejan de la inviabilidad del negocio, en Autlán la necesidad toma incluso otro matiz que a decir de los transportistas es aún más dramático: a la generalizada alza de refacciones, al decir de las autoridades inocente aumento en los combustibles, los treinta y seis concesionarios de transporte público en Autlán se enfrentan a otra situación: hay que viajar para comprar refacciones y eso encarece aún más el servicio.

Si se toma como una empresa como cualquier otra, los camiones son arrastrados incluso por el efecto que vislumbraba hace unas semanas el analista Financiero Érick Guerrero en la conferencia que dio en el Cinerama Autlán: Los márgenes de utilidad de las empresas se han reducido.

La visión pues de los empresarios es, citando también a Guerrero Rosas: “cargarle el muerto al consumidor”, es decir incrementar el costo del servicio para quien lo usa y mantener los mismos márgenes de ganancia. El que haya pocos márgenes de utilidad no tiene implicaciones de avaricia si no que lleva en si mismo, un riesgo grande: sin utilidad tampoco habrá margen para la re inversión y sin re inversión, tarde o temprano el negocio será obsoleto.

Ahora bien, si el panorama es negro para los empresarios lo es aún más para los usuarios. Compartiré con ustedes que este fin de semana pasado tuve que viajar a la capital del estado y realizar algunas actividades que requirieron usar el transporte: fueron prácticamente cien pesos los que gasté entre lo que tuve que cambiar de rutas, ir de allá hasta acá.

Ciertamente mi movimiento no es representativo de lo que ocurre con un usuario normal, sin embargo la carestía del transporte hace que cada personas que pueda opte por otro, y si está en las condiciones comprará un automovil, y si no tiene mucho dinero comprará uno viejo y si como todos los coches viejos contamina más que los demás, habrá más gases que calienten la atmósfera y además más coches en las calles para hacernos perder tiempo productivo y de calidad de vida. Aquí, en la capital del estado o en cualquier lugar.

Aunque confió en que la inversión privada debe tener presencia en la mayoría de los rubros económicos, mientras al Transporte Público no se le vea como un servicio y no como un negocio en el que hay que reducir al máximo los gastos y cobrar más para aumentar las ganancias, tendremos consecuencias sociales desastrosas. Más automóviles, más contaminación; más automóviles, más tráfico en las calles; más automóviles menos uso de transportes alternativos.

Del gobierno estatal, que definitivamente no irá al cielo, no podría yo esperar otra cosa: más cuando este aumento es parte de otro ya negociado hace algunos meses: llegará y lo hará seguramente hasta después de marzo, hay que respetar los tiempos, pensará el gobernador, no los de mayor carestía y gastos, si no los políticos, los que no vayan a ensuciar con manifestantes su ya desde ahora mentiroso informe.

El aumento es inevitable, porque las dos naturalezas que rigen el transporte no son compatibles.

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