: Incluido hasta el exceso

por: Alejandra P. Palafox

Con el calor agobiante del mediodía después de dos horas el arribo a Manzanillo, Colima, y al hotel en el que me hospedaría fue como llegar a un oasis… Aunque la primera sorpresa fue que la fila para registrarse, obtener la llave de la habitación y el brazalete para el todo incluido tomó poco más de una hora (¡y eso que es temporada baja!).

Enseguida del trámite burocrático, la entrada al artificial paraíso significó el inicio del fin de semana formidable con sol, arena y mar. El pronóstico del clima indicaba lluvia y nubes pero la realidad en ese momento era que el sol estaba radiante y el cielo limpio y azul. El botones condujo el cochecito alimentado por gas hasta la habitación.

Luego, para apaciguar el calor y comenzar a esfumar el estrés fue suficiente un chapuzón en la alberca, rodeada de palmeras, un bar y una música ambiental relajante. Como yo, otros huéspedes hacían lo mismo: sólo estar.

Relajada, con piña colada en mano y en la mesita de junto otro vaso con agua y hielo, recostada en un camastro encima de una toalla blanquísima; las comidas y entremeses con el todo incluido y más de cuatro restaurantes con bufete contribuyeron aún más a la cómoda estancia.

La noche llegó después de un par de horas en la alberca y otras tantas en la playa. La habitación del hotel impecable, con servicio de agua purificada, aire acondicionado, focos por doquier y televisión. Todo perfecto desde el punto de vista de un huésped. Sin embargo, como alguien que habita el planeta, el hotel y sus servicios me inquietaron.

El ser humano es el único en la tierra que además de desechos produce basura.

En este relajante fin de semana, todas las bebidas que pedí en el bar, me fueron proporcionadas en vasos desechables pues las medidas de seguridad para huéspedes exigen que todo objeto de vidrio se mantenga alejado de la alberca o playa. Las toallas impecables olían a blanqueador y en promedio, cada huésped, por día, usa al menos 3 toallas y a diferencia de cualquier zona de esa ciudad, el agua purificada salía de las llaves en abundancia. Sin contar que el servicio de bufete propicia el desperdicio de comida que luego se convierte en desechos.

Por día en ese hotel -en temporada baja- lavan al menos 900 toallas, deben tirar alrededor de 4500 vasos desechables de plástico y los litros de agua que se van al caño… prácticamente imposibles de contar. Eso en sólo un hotel de los miles que hay en México.

Para la comodidad, relajación y disfrute del cliente/huésped no se escatima en nada pero aún cuando el precio los paquetes todo incluido permiten el exceso ¿el planeta también? Lector, lectora, la discusión comienza aquí.

3 Respuestas a “Incluido hasta el exceso”

  1. Carlos Efrén Rangel Dice:

    Yo digo que debiste invitarnos a todos para poder discutir con información de primera mano.

  2. Humberto Santana Dice:

    Eso que sólo hablas de un hotel en México. Hay que pensar en todos los del mundo y aún con mayor capacidad depredadora, los resultados son aterradores, !Ah! pero que sabrosa es la vida asi, ¿Que importancia pueden tener las generaciones que vienen atras?

  3. Alejandra P. Palafox Dice:

    Mi estimado Efrén… ya habrá tiempo de ir todos juntos para discutir con información de primera mano este asunto…

    Humberto: ese es el detalle inquietante… que eso sucede sólo en un hotel en México!!! Las cifras a nivel mundial resultarían tan estratosféricas como escalofriantes… Y entonces la polémica surge a partir de la reflexión de si es justo o no que por la comodidad que brindan los hoteles, los recursos del planeta se dilapiden de manera casi injustificada por aquellos que tienen los recursos para darse el lujo de vacacionar en un hotel. Cuando estás en el hotel como huésped no importa eso, sin embargo, ¿a futuro qué?

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