: Gen

por: Carlos Efrén Rangel

Es posible que algún añejo gen nos impida convivir. Es muy viable que una ancestral información genética permita que veamos con ojos enrojecidos por la furia las diferencias con personas que se asumen son nuestras semejantes. Aunque bien puede ser un asunto aprendido, cultural el que esas diferencias no las podamos resolver sin necesidad de recurrir a la violencia, a la humillación, al insulto. Me parece que esa lógica aplica lo mismo en las relaciones de grandes grupos políticos como en las relaciones personales. La violencia intrafamiliar también va por ahí.

Ocurre tanto que es poco atendido. Apenas se explota como una beta de promoción y de redención de las que actores políticos pueden sacar raja. Por la vía de los hechos no existen políticas públicas que nos permitan, primero que nada entender qué es la violencia en casa, a qué se debe, de qué tamaño es el monstruo. ¿Es un golpe violencia? ¿Es olvidar un aniversario violencia? Las respuestas parecen no ser tan sencillas de contestar. Estamos bien lejos de siquiera entenderlo.

Las acciones son producto de opiniones. Las líneas a seguir, poco se puede encontrar. Caeremos sin duda al blando terreno de las posturas personales.

Pero hay datos, durante todo el año pasado la Violencia Intrafamiliar fue la primera causa de detención en Autlán. La policía local a quien más llevaba a la cárcel era a personas que maltrataban a sus familiares. Este año la estadística cambio, no de dirección si no de nombre. Escondidos en otros renglones no se tiene la certeza de cuantas de las faltas administrativas corresponden a agresión a familiares.

La encuesta que dio a conocer el Instituto Jalisciense de las Mujeres representa varios datos relevantes. La región Costa Sur ocupa el segundo lugar a nivel estado de mayor número de mujeres que fueron violentadas en el último año por sus parejas, tres de cada diez mujeres así lo manifestaron. La región Sierra de Amula, de aquí a un ladito acumuló que el 21.6 por ciento de las mujeres fue violentada en casa. Aunque sufrieron más violencia en su trabajo que las de Costa Sur. 9.6 por ciento en Sierra de Amula, ocho por ciento en Costa Sur.

Las mujeres que estudiaron sólo la primaria son las más violentadas en Jalisco (35.2 por ciento), sin embargo las mujeres leídas y escríbidas también padecen la violencia: 20 por ciento estudiaron preparatoria. 15 por ciento Licenciatura; y un 2.2 por ciento algún postgrado. Lo interesante es que son violentadas también las mujeres que trabajan y que ganan sueldos arriba de diez mil pesos padecen la violencia (7.7 por ciento). Quienes más sufren en términos generales son las mujeres que trabajan.

El mito de la dependencia económica como pretexto para vivir en un hogar violentado, se derrumba. El mito de la falta de educación es la que impide buscar opciones más dignas.

Por eso creo que si bien, las políticas públicas son ineficientes, inexistentes, pantominosas y relumbrones, pero el fondo mismo del problema, es la incapacidad sistemática de convivir en diferencias, la insolvencia para soportar la fuerte carga de las relaciones horizontales. Así nos encanta al género humano el conflicto, el drama, los golpes, la humillación, el insulto, por encima de las relaciones sanas de convivencia.

Culpo de eso a algún gen cavernícola.

Una Respuesta a “Gen”

  1. Humberto Santana Dice:

    ¿Y no hay violencia contra nosotros los sufridos hombres? ¿Què dicen las estadìsticas, que por cierto son femeninas? ji,ji.

Deja una Respuesta