: Falsas ilusiones

por: Martha V. Sandoval

Cierres de campaña hasta el tope, amenizadas por las bandas del momento, MS, La Original Banda Limón, La Sonora Caliente y Agua de la Llave, es ahí donde radicó la irrealidad de todos los cierres de campaña, que algunos de los organizadores creen, que toda la gente que acudió a los eventos votarán por ellos.

La contienda política ha sido dura y las ilusiones de ganar se resisten ante cualquier crítica y contratiempos, así que en los últimos días de campaña no tendría porque ser diferente, los candidatos de todos los sabores lucieron esperanzados, un espíritu alimentado por los cuerpos jóvenes que bailaban al ritmo de la música y de gargantas que gritaban sus nombres.

Alguno hasta se atrevió a decir que si votaban por él, siempre que lo pidieran tendrían a la Banda MS, para ser exactos el candidato del PAN a Tlajomulco, en este último las día ya no hubo propuestas, aunque no sé si alguna vez las hubo y dominó el populismo.

Si los líderes de campaña se dieran a la tarea de acudir a cada uno de los cierres, se darían cuenta que el 70 por ciento de la gente que acude es la misma y que no hay ninguna certeza, incluso, de que vote.

Así fueron los cierres, que lo único bueno que tienen es que la gente puede ver a sus artistas favoritos gratis. Dicen las malas lenguas que en uno de los cierres en la Plaza Principal de Tonalá la gente coreaba “MS, MS, MS” mientras aventaba botellas de agua a los candidatos para que se callaran y dejaran tocar a la banda.

Moraleja: Una prueba más que el interés no era en los políticos, sino en las estrellas que esperaban tras el escenario para amenizar con su música. Se hicieron falsas ilusiones.

2 Respuestas a “Falsas ilusiones”

  1. Humberto Santana Dice:

    Eso comprueba que al pueblo pan y circo, pero nada más lejos de la democracia.
    Pero sobretodo deja ver la calidad de políticos que tenemos, sin propuestas, sin ideas, sin inteligancia.
    Se requiere un cambio.
    El voto nulo puede ser el principio.

  2. María de la Luz Dice:

    ¿Votar o no votar?

    Guadalupe Loaeza.
    2 Jul. 09

    “El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”.

    Arnold J. Toynbee

    Hoy quisiera compartir con ustedes las reflexiones que el gran novelista portugués José Saramago ha hecho con respecto a la democracia, ya que por estos días muchas personas han comentado con mucha frecuencia la novela Ensayo sobre la lucidez (Alfaguara, 2004), en la que se habla del voto nulo. Como ustedes saben, Saramago es uno de los autores más críticos de la situación actual de la democracia, y es sobre todo una de las voces más controvertidas en estos momentos. Hay que decir que a nadie que le interese un mejor gobierno puede ignorar sus declaraciones, sus ensayos, pero sobre todo sus novelas. De ahí que cada que aparece un libro suyo, sus lectores hacen filas en las librerías para conseguirlo y para comentar sus ideas.

    Hace algunos años, el periodista argentino Jorge Halperín publicó sus entrevistas con el novelista en el libro Saramago: “Soy un comunista hormonal” (Oveja negra, 2002). Durante una de esas entrevistas, le dijo a Halperín: “Todo se discute en este mundo, excepto una cosa: no se discute la democracia. Porque parece que se parte del principio de que la democracia está ahí, y por tanto no vale la pena reflexionar sobre esto. Y yo creo que hoy se está necesitando un debate mundial sobre democracia, y quizá si lo hiciéramos nos daríamos cuenta de que esto que estamos viviendo y que llamamos democracia, no lo es”.

    Sí, es cierto que uno de los temas fundamentales que nos ocupa como sociedad es la discusión de la democracia. Tal vez, la novela más importante de Saramago sobre este tema es precisamente Ensayo sobre la lucidez, en la cual se habla de un país en el que la gente decide ir a votar para anular su boleta. Cuando el gobierno se percata de que el 70% de los votos están en blanco, decide convocar a nuevas elecciones. Sin embargo, los nuevos resultados son más alarmantes, pues ahora el 80% de los electores decidió anular su voto.

    Ante esta situación, el gobierno entonces decide sitiar la ciudad e investigar la causa de estos resultados. “¿Se trata de una conjura internacional, de un grupo de anarquistas?”, se preguntan los gobernantes. La primera medida consiste en imponer un Estado de sitio para investigar este hecho tan insólito. Pero más adelante, el gabinete decide que el gobierno se retire junto con el Ejército y la policía a otra ciudad.

    Hay que mencionar que Ensayo sobre la lucidez es la continuación de la anterior novela de Saramago, es decir, de Ensayo sobre la ceguera (publicada en 1995). En ella, como recordarán, de pronto se manifiesta una epidemia de ceguera que deja sin vista a todo un país, excepto a una mujer, quien es la única que puede ayudar a organizarse a todos aquellos que se encuentran afectados por la enfermedad. Cuando los ciegos finalmente pueden organizarse descubren que pueden volver a ver. Sí, para Saramago la ceguera sólo puede solucionarse con la organización.

    Cuando esta novela apareció, muchos críticos la calificaron de “inquietante” porque sin duda es una crítica sumamente desencantada acerca de las democracias actuales. Como el propio autor lo manifestó en una entrevista en la que explicó lo que ocurrió en su novela: “la gente perdió la paciencia. Elecciones, elecciones y elecciones… y nada cambia. Ahora está la paradoja de gobiernos de izquierda que hacen política de derecha”.

    Sin duda, mucho de lo que dice Saramago es muy cierto. Por ejemplo, cuando presentó su novela, dijo con cierta tristeza: “Podemos quitar a un gobierno y poner a otro en su lugar, pero no podemos hacer otra cosa… El poder real está en otro lado. Fundamentalmente, en el poder económico, que como todos sabemos no es democrático”.

    No obstante, he de decir que no estoy de acuerdo con las conclusiones a las que llegan los lectores de Ensayo sobre la lucidez. Creo que necesitamos salir a votar y reflexionar sobre las repercusiones de nuestro voto. Nos ha costado mucho construir un mecanismo confiable y nos ha costado mucho crear una opinión pública madura. A diferencia de la novela de Saramago, los políticos no se irán de la ciudad si reciben muchos votos nulos. Por el contrario, los votos nulos no podrán modificar la relación de fuerzas en el Congreso. Considero que hay que hacer un voto informado, porque hacer un voto en blanco no es una crítica concreta; por el contrario, es una manera de dejar que los otros votantes decidan por uno la composición de los representantes populares. Me parece que el “voto nulo” no favorece a los ciudadanos sino al “voto duro”. Pero sobre todo, creo que cada ciudadano debe de votar, comprometerse con su voto, conocer a su candidato e informarse de su desempeño.

    Para finalizar quiero compartir con ustedes una reflexión del Nobel portugués al respecto de la izquierda y de la ciudadanía. Creo que antes de que nos dispongamos a votar, deberíamos reflexionar estas palabras y decidir si queremos que el poder nos sea arrebatado: “Precisamente aquí el problema central es que el poder se escapó de las manos de los ciudadanos. No se escapó, se lo quitaron”.

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