: El fin de una guerra
por: Milton Iván PeraltaEl día de hoy debería ser una fecha importante para todos los mexicanos y por alguna razón, que desconozco, no se toma mucha importancia a este día. Me di a la tarea de investigar algunas cosas, y he aquí que les presentó lo que encontré, en realidad son fragmentos de una página de intenet de la cual rescaté extractos que creía importantes, abajo esta el link, para que lean todo y no digan que es pirata el escrito, jajaja, ok, revísenlo y me dan su opinión.
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“En 1821 Augustín de Iturbide fue promovido a comandante supremo de todas las fuerzas, habían acabado con todos menos con uno de los rebeldes. De cualquier forma las cosas estaban cambiando y las simpatías de Augustín de Iturbide por la causa de la independencia se incrementaron más. En ese mismo año mantuvo pláticas Vicente Guerrero. Después de esas conversaciones Don Agustín se convenció de que la independencia era la única forma en la que México progresaría y así acordó un plan llamado “Plan de Iguala” que llama a la Independencia de México pero bajo el reinado de Fernando VII de España.
Los puntos principales del “Primer Plan de Iguala” fueron conocidos como las tres garantías, estas eran: religión, independencia y unión. Un nuevo ejército llamado “De las Tres Garantías” se creó para proteger el orden e implementar este plan. Don Agustín fue el comandante de este ejército.
Con eso se imposibilitaría ofrecer el trono mexicano a otro miembro de otra dinastía europea católica reinante. Mientras tanto México continuaría siendo gobernado por un virrey pero ahora bajo los términos del plan de iguala y con la ayuda del ejército de las tres garantías .
El Rey Fernando VII, rehusó el plan e inmediatamente mandó a Juan de O’ Donoju como virrey a México. El propósito era realizar un plan alternativo en el cual se mantuviera el estado actual.
Los argumentos de Don Juan a favor de mantener el estado actual no fueron aceptados y fue claro que los cambios se debían hacer. La demanda de independencia había obtenido mucha fuerza y no podía ser revertida. Eventualmente después de muchas negociaciones Juan de O’ Donoju accedió aún tratado muy similar al “Plan de Iguala”. Este tratado se llamó tratado de Córdova.
La protesta del rey fue hecha demasiado tarde. Don Juan había aceptado el tratado. El 27 de septiembre en 1821 México fue declarado un estado independiente. Hubo entonces muchos mexicanos que al tiempo de la independencia y en forma de gratitud a Don Agustín el libertador de México le ofrecieron el trono vacante. Don Augustín de todas formas se negó.
Durante los siguientes meses se hizo obvio que no existía un candidato, la elección por Don Agustín se hizo más fuerte. En la noche del 18 del mayo de 1822 una demostración masiva llevado por el regimiento de Celaya cuyo comandante era Don Agustín marchó por las calles y demandó a su comandante en jefe aceptar el trono.
En los años siguientes los enemigos de Don Agustín pronunciaron que este evento había sido realizado por él para obtener el trono. De cualquier forma este es un dato evidente de que los altos comandantes del ejército querían que Don Agustín aceptara el trono. Como lo hizo la mayoría de la población en la ciudad de México y el país ensimismo.
Después de un largo debate el congreso proclamó a Don Agustín emperador de México. El emperador fue llamado al trono no sólo por elección popular sino también por el voto democrático del congreso.
Finalmente, el 27 de septiembre de 1821, Don Agustín de Iturbide, al frente de su ejército, entró oficialmente en la ciudad de México. Un testigo lo vio pasar sobre su caballo prieto ricamente enjaezado, «arrogante, buen mozo, de porte aristocrático, mago de la sonrisa, ojos de águila, patillas andaluzas de color azafrán». Hubo tedeum solemne en la catedral, repique de campanas, y banquete de doscientos cubiertos en el antiguo palacio virreinal. Y los inevitables versos:
¡Vivan, por don de celestial clemencia, la Religión, la Unión, la Independencia!
Aquel glorioso 27 de septiembre Agustín de Iturbide cumplía treinta y ocho años. «Probablemente ningún otro acontecimiento de la historia nacional haya producido mayor júbilo que el triunfo de Don Agustin de Iturbide» reconoce uno de los más acérrimos enemigos del emancipador. Agustín fue equiparado con Alejandro Magno, con Julio César y hasta con la diosa Minerva, por aquello de su sabiduría. En frenesí entusiasta le llamaron «héroe invictísimo, inmortal redentor, estupor del universo y estrella principal del Septentrión», entre otras muchas lindezas. Unas monjitas de Puebla, deseosas de sumarse al homenaje popular, inventaron en honor de su héroe una sabrosa golosina: los chiles en nogada, cuyo aderezo despliega los colores de la bandera trigarante: una franja verde de perejil, una blanca de pulpa de nueces y una roja formada por granos de granada. A nadie parecía importarle que la agricultura, la minería y el comercio del país estuvieran desquiciados, la hacienda arruinada. Creían los mexicanos que bastaba con soñar en la futura grandeza de la nación independizada para que, como por arte de magia, se materializasen sus más fantásticas esperanzas.
(…)
SU MUERTE
El 15 de julio desembarcó en tierras mexicanas y, ante su sorpresa, fue hecho prisionero. Ignoraba que el Congreso había expedido un decreto hecho público el 7 de mayo por el cual se le consideraba fuera de la ley y ordenaba que en caso de presentarse en México se le ajusticiase sin contemplaciones.
Cuatro días más tarde lo fusilaron en la localidad de Padilla. Caminó, digno, hasta el lugar de la ejecución. Al sacerdote que lo confortaba le entregó, para que lo hiciese llegar a manos de su esposa, su rosario, su reloj y una carta, que decía así:
Ana, santa mujer de mi alma:
La legislatura va a cometer en mi persona el crimen más injustificado. Dentro de pocos momentos habré dejado de existir y quiero dejarte en estos renglones para ti y para mis hijos todos mis pensamientos, todos mis afectos. Cuando des a mis hijos el último adiós de su padre, les dirás que muero buscando el bien de mí adorada patria. Huyendo del suelo que nos vio nacer, y donde nos unimos, busca una tierra no proscrita donde puedas educar a nuestros hijos en la religión que profesaron nuestros padres. El señor Lara queda encargado de poner en buenas manos, para que los recibas, mi reloj y mi rosario, única herencia que constituye el recuerdo de tu infortunado.
Le quedaban en los bolsillos tres onzas de oro y quiso que las repartieran entre los soldados que iban a dispararle. De pie, cara a la muerte, habló a la multitud atónita y conmovida que contemplaba la escena. Su voz sonó, según un testigo, como en las mejores arengas de sus días de triunfo: «Mexicanos, muero con honor por haber venido a ayudaros y gustoso porque muero entre vosotros». Después rezó el Credo y sonó la descarga. Fue enterrado frente a la iglesia del pueblo.
En 1838, rehabilitada su memoria, los restos del libertador fueron trasladados a la catedral de México, donde reposan en una urna cubierta por la bandera que él creó. El epitafio reza:
Agustín de Iturbide
Autor de la independencia mexicana compatriota, llóralo;
pasajero, admíralo.
Este monumento guarda las cenizas de un héroe. Su alma descansa en el seno de Dios
La tumba se alza a unos cuantos pasos del lugar donde Agustín I fue coronado emperador constitucional de México.
Les paso el link.
http://www.casaimperial.net
28 de Septiembre de 2007 a las 7:22
Pos cual independencia, dende antes ya todo eran arreglos y los fregaos siguemos siendo fregaos.