: Cuesta arriba

por: Oscar Molgado

Sacudida terrible se llevó el Guadalajara ayer en su juego de semifinales de Libertadores, contrario a lo que muchos podemos imaginar de los brasileños, la escuadra carioca hizo lo suficiente para no prestarle el balón a los tapatíos y después sacarse la lotería al conseguir un penal cortesía del “Maza” Rodríguez que mostró su ingenuidad a pesar de ser un futbolista con experiencia en olimpiada y copa mundo.
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Vía:esto.com.mx

Ayer en Guadalajara no dejó de llover, parecía una señal divina de lo que se venía para las Chivas en su juego de la noche; sin embargo, el optimismo de haberles pegado dos veces con anterioridad a los actuales campeones daba para creer que la noche sería mágica e inolvidable, ¡y lo fue! Nunca nadie en Libertadores había pisado el césped del Jalisco con tanta claridad de cómo hacer para que el rebaño no pudiera desplegar su futbol. Los brasileños tenían claro que los tapatíos eran rápidos y que gustaban de tener la pelota, así que durante noventa minutos hicieron lo contrario: imprimieron un ritmo semilento al juego que a muchos nos aburrió, pasearon el balón de un lado a otro, de atrás para adelante, como si nunca quisieran llegar al arco de Oswaldo, desesperaron a Chivas que nunca pudo robarles la esférica para crear peligro en la portería rival, de no ser por la falla del “Bofo” en un remate de cabeza a centro de Bravo y del balón al larguero de Omar Esparza, Rogeiro Ceni hubiera tenido una noche relajada.
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Los paulistas estaban conformes con el empate, sobretodo tomando en cuenta que su viaje fue eterno y apenas llegaron a tiempo para el compromiso, lo cual demostró su cansancio en los treinta minutos finales; sin embargo, siguieron apostando por un marcaje impecable en sector defensivo, por la posesión de la pelota que les dio el control del juego y por el talento de Diego Lugano para buscar alguna recompensa en ataque. El Guadalajara intentó pero no pudo, hizo falta un revulsivo que desactivara lo trabado del juego, que metiera intensidad. Ni Medina, ni Santana lograron eso cuando ingresaron de cambio. Bravo y Bautista se fueron apagando, a partir del minuto setenta no volvimos a saber de ellos.
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Al final un error le costó el juego a Chivas, que vio como se les escapaba una oportunidad de oro para encaminarse al juego por el título. El rebaño lució gris como el cielo que cubrió la perla de occidente, el público a pesar del lleno no pesó nunca, no retumbó el ¡Chivas, Chivas! que tantas veces a hecho flaquear rivales. Ahora solo queda apostar a las historias que el rebaño ha cosechado en los últimos meses: victorias épicas, como las conseguidas en Chiapas o Pachuca en la liguilla pasada, como la obtenida en Argentina hace una semana o mejor aún como la alcanzada en Morumbi hace tres meses ante el rival que hoy lo tiene con un pie fuera. El escenario será complicado y arrancarle el triunfo al campeón del mundo en su propia cancha será lo más parecido a tocar el cielo, mismo que toda la tarde de ayer anunció la tristeza de un día lluvioso, sin nada que celebrar.

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