: Crecer bien y sanamente
por: Marco CorralEn pleno siglo XXI, la política también ha avanzado, se ha modernizado.
La democracia, la administración pública, los partidos políticos incluso, reciben en nuestros días los calificativos de “modernos”, “avanzados”, etc., etc.
La forma de cobrar las cuotas de poder, también se ha modernizado…
El actual dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional, Javier Alejandro Galván Galván, al lograr un triunfo electoral y llegar a la Presidencia Municipal de Autlán de Navarro, para el periodo 1998 – 2000, logró también emprender una carrera que le ha reportado fructíferos resultados. De la Alcaldía a la Diputación Local y de ahí a la Federal, y luego a la Presidencia del Comité Directivo Estatal del tricolor. A su paso por estos escaños, fue sembrando y rápidamente cosechando, demostrando que el cobro de las cuotas del poder son también parte de la modernidad. Y no vayamos lejos. Hablemos de las elecciones del año 2000.
Cuautla, dado el reducido número de habitantes, según el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática INEGI, cuenta con uno de los presupuestos más bajos del estado de Jalisco. En ese municipio de la región sierra occidental, donde la economía es contrastante, por un lado hay riqueza de ciertos sectores de la población, y por el otro, el Ayuntamiento es una muestra de pobreza, la administración municipal 2001 – 2003, pagó sus cuotas de poder, lo que nos consta luego de habernos desempeñado durante los dos primeros años de esa administración como titular de la Dirección Municipal de Protección Civil. Ahí pudimos constatar como, de entrada, Javier Alejandro Galván Guerrero, “acomodó” a uno de lo sus allegados en el pobre Ayuntamiento. Fue así que llegó de Autlán un funcionario con excelente sueldo que se desempeñó durante unos meses como Oficial Mayor. La Alcaldesa, maestra María Guadalupe Bañuelos Delgadillo (de extracción priísta) me explicaba que Javier Galván le había ayudado en su campaña, y que al triunfo le proponía dos funcionarios “a escoger” para que le “ayudasen”. Y claro que los cuautlenses vieron que le “ayudaba” pero a mermar el de por sí pobre presupuesto. Finalmente, los propios habitantes del municipio, valorando el apoyo que podía representar para el municipio la presencia del “recomendado” adelgazando el presupuesto, exigió a la Alcaldesa su destitución, lo que llegó entre lamentos y hasta lágrimas. El colmo fue que se dijo ahí que Javier Galván había gastado mucho en la campaña (la que hizo para ser Diputado Local) y que por eso requería “ayuda económica”. Más tarde, cuando iniciaron las campañas para las elecciones del año 2003, cierto “trabajador” del Ayuntamiento de Autlán se presentó a integrar el sindicato de trabajadores del Ayuntamiento de Cuautla y me solicitaron que encabezara el mismo, esto a pesar de ser un director, vamos, funcionario de primer nivel. El arreglo era sencillo: me darían una licencia con goce de sueldo autorizado por la Alcaldesa, para que pudiera “andar” en la campaña del doctor Armando Pérez Oliva, que de Alcalde de Autlán ya buscaba brincar a Diputado Local. La Presidente Municipal me habló claro: “hay que ayudar al Doctor porque nos ha asesorado mucho”. Desde luego, rechacé lo que podría ser un desvío de recursos y presenté mi renuncia, dejando que fueran otros lo que se dedicaran a esos menesteres. Casos similares se viven en los municipios, donde los candidatos a las Alcaldías llevan el visto bueno de los encumbrados, quienes más tarde, sin pudor alguno (algo que al parecer pierden muchos favorecidos por el voto) pretenden el cobro de las cuotas. Al menos hablo, con toda señal, de lo que viví en Cuautla, donde, aclaro, fui nombrado Director de Protección Civil sin más recomendación que mi desempeño, sin recomendación de Javier Alejandro Galván o político alguno, y que nada me regalaron, cada hora, cada trabajo se me remuneró y sin “cuota” alguna. De estas y otras vivencias en la administración pública, tal vez me decida a publicar un libro, que podría llevar como titulo “cómo se llega a grande”, o algo así como un “manual del feudalismo moderno”.