: Costumbres
por: Oscar MolgadoNuestro futbol está lleno de episodios que ocurren con tanta frecuencia que los asumimos como normales, tan cotidianos que ni siquiera nos sorprenden. La “campeonitis” de cada seis meses en los equipos que logran la corona y la tragicomedia del Cruz Azul cada que enfrenta al América son claros ejemplos de lo que hablo.
El campeón actual son los Pumas, y como es costumbre ha empezado terrible la defensa del título. Lo de Universidad toca lo ridículo: en apenas cuatro semanas se han convertido en el peor campeón de la historia, han recibido nueve goles cuando en todo el Clausura 09 apenas recibieron trece, han hecho un gol, les han expulsado a dos jugadores y han marcado un autogol increíble, ¿se puede estar peor? La respuesta es sí, mañana juegan en Zapopan y las estadísticas dicen que los felinos no suelen ganar en tierras tapatías por lo que no sería extraño ver su quinta derrota en fila.
El verdadero problema de Pumas es la distracción con la que han enfrentado sus partidos, se les nota poca hambre, es como si hubieran entrado en un estado de confort del que no quieren moverse, contra Atlas, Cruz Azul, Toluca y Tigres han desplegado por lapsos buen futbol, competitivo pero sus errores de concentración terminan por matar al equipo. Lejos están estos Pumas del campeón que vimos en Pachuca, quizá todo empezó mal desde que presentaron esa camisa tan horrible, quizá sea como dicen algunos: La sorpresa no es que Pumas tenga cuatro sin ganar, lo asombroso es que este equipo haya logrado coronarse hace un par de meses.
Por otra parte está la tragicomedia de la Máquina, un equipo que le da pavor enfrentar al América, un conjunto que no ha sido capaz ni de ganarle a la peor versión de los de Coapa hace algunos años. No basta con ser mejores hombre por hombre, no basta con llegar en mejor momento, las piernas tiemblan al ver al odiado rival, lo dijo Sabah hace algunos años cuando jugaba para Cruz Azul: nos da miedo.
Cada seis meses la Máquina parece llegar más fuerte, con más ritmo y con verdaderas posibilidades de romper el maleficio; sin embargo, el despertar sigue siendo el mismo: nueva derrota celeste y una paternidad acrecentada.
Se dice que las estadísticas no juegan pero pesan y si Cruz Azul quiere salir del abismo amarillo tendrán que apelar no solo a su futbol sino a ese amor propio, a esa dignidad que les impida una nueva derrota contra el incomodo vecino de la ciudad.