: Compló

por: Carlos Efrén Rangel

La semana pasada y eso ya no es noticia, el Senado de la república dio luz verde a la nueva ley de radio y televisión. El clima en el que eso pasa es digno de comentario. La llamada Ley Televisa, es en pocas palabras un reflejo fiel de nuestro sistema neoliberal y capitalista, de privatización y de mucha fuerza a la iniciativa privada, como todo tiene algunos puntos buenos y muchos malos. Y hay una posibilidad, no muy descabellada, que la aprobación sea un compló.

Las radiodifusoras y televisoras necesitan un bien público para funcionar: el aire. Para su uso es el gobierno quien tiene que autorizar una frecuencia. Hay dos formas, la concesión: que permite la explotación comercial y con fines de lucro de la frecuencia; y el permiso, que no permite la explotación comercial y que se supone en el caso de las radios y televisiones persigue un fin educativo, cultural.
La ley que aún está en vigor, vieja e inútil ya. Tenía un problema muy grande y muchos chiquitos, el mayor de todos es que la concesión de frecuencias es un proceso tan parcial y oscuro que es el presidente de la república y con criterios desconocidos quien autoriza las frecuencias. La ley no tiene candados, no tiene criterios claros; es a quien el presidente se le antoje. En ese escenario, se da mucho que los presidentes autorizaran concesiones a sus cuates, a quienes les debían favores políticos y entonces la televisión y la radio se desgastaban, porque quien obtenía las frecuencias, las trabajaba sin conocimiento de causa, provocando programaciones chafas (generalmente con tintes políticos) y maleando el mercado.
Las estaciones permisionadas se cuecen aparte. En teoría ese tipo de estaciones las debe mantener un institución grande: el gobierno, las universidades principalmente. Sin embargo, los costos de operación de una estación de radio o de televisión son altísimos, y sin la posibilidad de obtener recursos, ni siquiera para la operación, obligaba a esas estaciones a ir contra la ley y vender espacios.
Surgieron además otro tipo de radios, que no hay término legal que las defina, pero que se nombran Radio Comunitarias, que son una especie de radios con permiso, sin fines de lucro, pero nadie las mantiene propiamente, normalmente instaladas en las zonas indígenas, trasmiten música en idiomas indígenas y mensajes de servicio social como: “Le avisamos al señor Pancho López que su mamá llegó bien a la capital”. También se usan y mucho para propaganda política.
En ese clima de oscurantismos y desigualdades, surgieron muchas propuestas y a lo largo de mucho tiempo para que se aprobaran reformas, había a grandísimos rasgos dos posturas. Una la que buscaba darle mayores libertades a las radio permisionadas, para que pudieran vender y con eso pagar sus gastos de operación, que apoyaran la producción de materiales educativos y la producción audiovisual independiente, otras culturas.
La otra, buscaba que la licitación de las frecuencias fuera pública, es decir que se abrieran a quien pagara más dinero, y a quien garantizara que con esa frecuencia cuidaría los intereses de los industriales de la radio. Que endureciera la mano contra aquellas permisionadas que venden espacios, porque ciertamente ellas no pagan sindicato ni muchos impuestos, lo que se convierte en una competencia desleal.
Hay dos cosas que resaltan en esta nueva ley. Como punto bueno, yo pondría que las radios ya no será un botín político que reparta el presidente, que esos regalitos ya no se podrán hacer, que será bajo criterios más claros. La otra cuestión resalta por su ausencia, para mí tendría que haber cabida en la ley para los grupos indígenas, para las producciones independientes y para el uso de los medios de comunicación para la educación del pueblo, las hay, pero con unas limitantes absurdas.
La aprobación de esta nueva ley que aún no se publica huele a compló. Durante mucho tiempo, bancadas panistas y priistas no se ponían de acuerdo en la aprobación de la ley. Ésta que se aprobó cuida en muchos los intereses de la Industria de la Radio y la Televisión, de las grandes empresas. Y así tan facilito, la bancada panista y priista vota y se aprueba.
Eduardo Arcos en su blog, toma una postura que me parece nada descabellada y muy congruente, la que ese voto fue a cambio de espacios publicitarios en radio y televisión a favor de Felipe Calderón y Roberto Madrazo y claro en contra de Andrés Manuel López Obrador, que pese a la campaña del miedo que han instrumentado en su contra y que tristemente algunos se la empiezan a creer, sigue arriba en las encuestas.
Una aprobación con muchos tintes electoreros. Si es así, que baratos, sosos y esquineros legisladores tenemos.

Deja una Respuesta