: Chambistas
por: Carlos Efrén RangelEn el caluroso municipio de Casimiro Castillo, los procesos electorales internos del Partido de la Revolución Democrática provocaron una desbandada. Un grupo representativo del partido en la región decidió cambiar de camiseta, y se afilió al Partido de la Nueva Alianza. Los “Madera” significaban un punto de referencia en la política de aquél municipio y en el PRD regional. Quedar fuera de la candidatura a la presidencia municipal de “La Resolana” los hizo cambiar de bando.
El hecho podría parecer un chisme más de la política local y regional. Pero representa en sí mismo, uno de los tantos talones de Aquiles de los que adolece la política mexicana. Nuestros políticos, más que servidores públicos, honestos y comprometidos con sus gobernados. Hombres y mujeres que busquen la justicia, su ideal de nación, que vayan a los puestos públicos en busca de un causa, no son. Muchos de los políticos actuales han demostrado que más que otra cosa, son chambistas.
La prueba está en la manera en que los ideales son olvidados y cómo de la noche a la mañana el amigo se convierte en enemigo. Un día escucha uno decir que están dispuestos a dar la vida por el partido, por el proyecto que encabezan y luego, gran decepción, abandonan el partido y el proyecto porque encontraron una posición donde personalmente resultan más beneficiados.
Está también el ejemplo tapatío del diputado galán Jorge Aristóteles Sandoval. Precandidato del PRI a la alcaldía de Guadalajara, gastó cientos de miles de pesos en propaganda, ensució las calles con sus pendones, pintó bardas, reclutó gente. Y a unos días de las elecciones internas, que fueron ayer. El diputado de las muchachas cambió las aspiraciones a la presidencia municipal de Guadalajara, por una cómoda candidatura plurinominal al Congreso Federal, de paso se negoció un espacio para otro diputado, papá de Aristóteles, Leonel Sandoval que del Congreso Federal brincará al congreso local. ¡Qué bonita familia!
Ya en tierras de la Costa Sur, no podemos olvidar los casos de los últimos presidentes municipales de Autlán, todos han abandonado el cargo aún cuando prometieron, juraron, se rasgaron las vestiduras para convencernos de que terminarían y cumplirían con los tres años de gobierno, sin buscar una diputación ya ve. Que ni Armando Pérez Oliva, ni Carlos Meillón, cumplieron con esa parte del trato que hicieron cuando el pueblo votó por ellos.
Lo malo de ser políticos chambistas, de esos que andan tras los huesos descaradamente, que se han enriquecido de los cargos públicos, con los altos sueldos y sobre todo, con las negociaciones que hacen desde el poder y que los beneficia a ellos en lo personal y a sus familias. Otorgan permisos especiales, familiares cercanos ganan concursos para ser fuertes proveedores o de plano y milagrosamente tienen la visión empresarial, para comprar terrenos que valen muy poco y que a escasos meses se anuncia la construcción de escuelas o centros comerciales que triplican el valor de lo comprado anteriormente. Lo malo de todo eso, es que la naturaleza de su función se hace mala.
Cuando tenemos políticos y representantes que no se representan más que así mismos, la mediocridad, el compadrazgo y muchos males aparecen y secuestran las administraciones públicas. Cuando en cambio se busca el bienestar común, aunque la decisión acabe con aspiraciones de los políticos, quizá eso les abra más puertas.
No veo lo malo en hacer una trayectoria política como los últimos dos alcaldes autlenses, tienen todo el derecho personal. Lo que está mal es no ser congruente con los ideales, con la bandera y con la verdad. Cuando eso pasa o como cuando los Madera y su grupo abandonan el partido tras la búsqueda de posiciones, poder y dinero, es entonces cuando la con desgracia muy común actitud chambista de los políticos sale a relucir.