: Celos de la FIFA
por: Oscar MolgadoCaótico ha resultado que las selecciones de futbol clasificadas a Pekín puedan contar con sus estrellas internacionales para la justa veraniega. Los clubes están aferrados a sus futbolistas y se niegan a prestarlos, ante esto el máximo organismo del futbol ha podido hacer poco y a lo más que ha llegado es a declarar que los menores de 23 años tienen que ir sí o sí.
Pareciera que no, pero la FIFA se tambalea, Blatter está nervioso ya que su poder ante la EUFA es casi nulo, motivo por el cual equipos como el Barcelona o el Werder Bremen se ríen de la imposición de ceder a sus futbolistas menores, por lo que gente como Messi o Diego (este último ya se escapó para unirse a Brasil) se perderán los Juegos Olímpicos.
Ante tanto rollo, es difícil saber quién tiene la razón, porque es evidente que lo que hay no es una lucha por los jugadores sino una riña por los intereses individuales de cada club o Federación, una pelea interminable que puede desatar una guerra que divida al futbol.
Por una parte, los clubes argumentan que necesitan a sus muchachos para las competencias iniciales de Champions y/o torneo de Liga, la FIFA dice que si son menores de 23 años habría que cederlos pero ¿por qué? Si la olimpiada no es considerada por la FIFA como un torneo oficial ni obligatorio, en términos terrenales es como si esa competencia no se jugara. No se sorprenda, si se cuestiona el porque la olimpiada no es un torneo oficial, la respuesta es muy sencilla: Al no ser un torneo avalado por el máximo organismo del balompié y al limitarlo a jugadores menores, la FIFA garantiza que no hay mejor competencia que la organizada cada cuatro años por ellos mismos.
Sin embargo, la creciente popularidad e independencia de que goza la UEFA, así como el tener a los mejores futbolistas dentro de sus ligas le ha dado poder para desafiar los reglamentos que la misma FIFA establece, y el ejemplo más claro es el Barcelona, que se apoya en su Asociación para impedir a toda costa que Messi juegue con la albilceleste.
Guerra de egos, de celos, de poderes, al final de lo único que estoy seguro que el que sale perdiendo es el aficionado que no podrá ver a muchos de los buenos futbolistas del planeta en Pekín gracias a las discrepancias de la gente de pantalón largo.
24 de Julio de 2008 a las 19:16
La solución es sencilla, aunque grotesca, la FIFA tendría que tener una rebanada de pastel para hacerlo oficial.
Si eso ocurriera quizá El Macho seguiría dirigiendo al Tri.
Lo cierto es que a esos niveles, el amor a la camiseta, el espíritu deportivo y demás es un cuento de niños.
Todo es cuestión de billetes.