: Amor al estilo Bovary. Parte I

por: Alejandra P. Palafox

Hay libros sobre los que guardo gratos recuerdos, todos, producto de la genialidad de respetables escritores. Los mejores son los que van directo al corazón: los de amor.

Tantas historias de amor… Unas lindas. Otras trágicas. Parejas que pasaron a la historia como si hubiesen sido reales. Tristán e Isolda, Romeo y Julieta, Hamlet y Ofelia…
Gustave Flaubert, fue creador de una de esas parejas que quedan en la memoria y que fueron protagonistas de una peculiar historia de amor. Nada parecido a lo tradicional y claro, escrita por un francés.

¡Imaginable que el autor de semejante trama fuera francés! “Mi pobre Emma Bovary sufre y llora, en estos momentos, en veinte pueblos de Francia”, dijo el escritor sobre Emma…

“Madame Bovary” de Flaubert es una de esas obras que me dejaron un excelente sabor de boca y aprovecho las tardes provincianas para hablar sobre la historia y los personajes que el autor expone en su aspecto psíquico de una manera impresionante y de la misma manera, incitarte, lector, lectora de este espacio para que te animes a disfrutar de esa novela.

Emma fue educada en un convento. Su pasatiempo: leer. Esta positiva acción deformó su percepción del mundo y la hizo esperar de la vida lo que en las novelas los autores describen: pasión, emoción y aventura constantes. Es en esa época cuando, sin ser consciente de ello, perdió la noción de lo real y olvidó vivir el presente. Ese es el patrón que a lo largo de la trama excelentemente estructurada por Gustave Flaubert, la conduce hacia su propia y triste perdición.

Salió del convento y fue a vivir al lado de su padre. Esa etapa la agobió demasiado y defraudada por el tedio del que no podía escapar, excepto por sus lecturas que le reafirmaban ese universo falso y romántico creado por ella misma y que sólo existía en su interior. Con el tiempo, acentuó su tendencia a percibir un pasado idealizado en donde todo era mejor y el futuro como un fantasma benévolo que pronto hará maravillosa aparición.

Charles fue marcado desde pequeño como un tipo gris y mediocre. Manipulado por su madre, estudió medicina y se casó con una viuda rica de pies fríos. Después de la muerte de la esposa y por azares del destino -e imaginación del autor- conoció a Emma y se enamoró.

Emma y Charles Bovary se casaron. Emma lo hizo para vivir plenamente el amor y la pasión que el matrimonio debe dar a cualquier ser humano y también, eso significó salir del tedio de la casa de su padre. Charles depositó en ella un amor puro y sincero.

La primera desilusión que sufrió Emma fue la boda misma. No fue nocturna, ni a la luz de las velas, ni entre pétalos de rosa. La noche de bodas igualmente resultó un fiasco.

Sin embargo, Charles se sintió renovado. La vida, en un extraordinario golpe de suerte dio el afortunado giro que él ni siquiera esperaba, le prodigó felicidad genuina al lado de Emma y sintió la plena realización en su espíritu y en su cuerpo…

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